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Carta al padre de Franz Kafka. Sobre las relaciones familiares

 

Carta al padre  de Franz Kafka se trata de un libro, que al menos en su origen, no fue pensado como un producto literario. Es una carta personal, que Kafka escribió a su padre, pero que nunca llegó a enviar, y que hasta donde sabemos, nunca fue leída por aquel a quien supuestamente se dirigía. Años después del fallecimiento del autor, fue publicado, con el formato de libro con el que ha llegado a nuestros días.

No es en mi opinión un texto que destaque como producción artística. Considero discutible que se trate de una obra literaria. Pero no por ello carece de valor. Uno de sus intereses pasa por su capacidad para dar cuenta de los materiales, de los elementos fundamentales con los que, quizá sin saberlo, construyó sus novelas, resultando patente la relación con obras como “El proceso” o “La metamorfosis”.

En esta carta,  da testimonio respecto a quién ha sido su padre para él, y qué efectos ha tenido éste en su carácter y en su comportamiento. Es en torno al encuentro con esta figura que se organiza el sufrimiento de Kafka: los conflictos con sus hermanos, sus inhibiciones para acercarse a las mujeres y sus dificultades para formar su propia familia.

Cada uno de nosotros podríamos escribir una carta al padre. Mejor aún si además de escribirla llegase a su destino.  Pero ¿cuál es su destino?

La RAE recoge varias acepciones para esta palabra. La primera de ellas es: “hado. Fuerza desconocida que obra irremisiblemente sobre los dioses, los  hombres y los sucesos”.

Otra de las acepciones posibles es: “consignación, señalamiento o aplicación de una cosa o un lugar para determinado fin”.

Una tercera alternativa es su uso en tanto “meta, punto de llegada”.

Como decía, Kafka nunca envió aquella carta. Imagino que le asustaba hacerlo, o lo más probable, consideraba que no iba a tener los efectos deseados. Aquellas palabras no tuvieron la oportunidad de conmover a su padre. De enfadarle aún más, quizá hacerle mella, quien sabe, herirlo un poco, aunque fuese un rasguño de duda en sus convicciones. Tampoco pudieron desconcertarle. No tuvieron la oportunidad de ser rebatidas. Y Kafka seguramente siguió viviendo a su padre del mismo modo, posiblemente atrapado en aquello que suponía que su padre sentía hacia él. Atrapado en los términos de su relato.

Podría decirse que el hecho de no enviarla, determinó el destino de Kafka en el sentido  de la primera acepción de la palabra destino, como una fuerza desconocida que irremisiblemente determina los actos.

Todos tenemos un relato, más o menos explícito de las relaciones familiares; una novela en la que diferentes personajes se entrelazan de modo particular, en la que aparecen preferencias y rechazos, sucesos determinantes, elecciones imposibles, actos incomprensibles, versiones contradictorias y por supuesto, secretos y mentiras.

Frente a la opinión de que “las cosas son como son”, de que los sucesos pueden ser recordados como quien reproduce un vídeo, de que tal acto significa inequívocamente tal cosa, caben serias dudas. Muchos de los hechos y por supuesto de las consecuencias que Kafka refiere en el citado texto, produjeron sorpresa y divergencias entre los miembros de su familia.

Sin embargo, aquello que se relata en “carta al padre” es sin duda verdadero, no en un sentido histórico, sino subjetivo. Tan verdadero que me atrevería a decir que marcó su vida y su producción literaria.

Nos ocurre a todos.

Estos relatos, en principio son considerados inocentemente como una simple descripción de hechos, que puede ser verdadera o falsa, acertada o incorrecta. No se consideran como capaces de generar efectos por sí mismos. La experiencia clínica indica todo lo contrario. Actúan como una fuerza. Una fuerza capaz de definir a los sujetos y determinar los hechos. Esos relatos, tomados de este modo, sin ser cuestionados, actúan subterráneamente como aquella fuerza desconocida que actúa irremisiblemente sobre los hombres. Genera un mundo y favorece este o aquel hecho.

Sin embargo, si pueden ser cuestionados, desgranados, reconsiderados, pueden generar efectos diferentes. Esos relatos, pueden tomarse en relación a la segunda acepción de la palabra destino, es decir, pueden ser aplicados a determinado fin, en este caso sacudir las versiones establecidas de diferentes hechos. El destino de esa carta, de esa novela familiar puede ser convertirse en una herramienta que produce cambios. Porque los relatos nuevos generan sujetos nuevos y relaciones nuevas.

Y ese sería su verdadero destino, su meta. Generar algo nuevo. Pero para eso las palabras tienen que salir del cajón.

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