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El reciente debate electoral entre dos de los candidatos a la presidencia del gobierno,Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, ha sido objeto de todo tipo de análisis, valoraciones y bromas. Uno de los lances más comentados fue cuando el segundo, en repuesta a su
contrincante político, quien acababa de calificarle de indecente, le dice: “de lo que no se puede recuperar uno es de la afirmación “ruiz”… ruin, mezquina y miserable que ha hecho hoy usted aquí”. Inmediatamente después de escucharse haber dicho “ruiz”, toma conciencia de que ha pronunciado algo distinto a lo que hubiera querido, rectifica y dice “ruin”.

 

sitúa estos fenómenos, junto a otro tipo de equivocaciones en el plano de la acción, en el marco de sus elaboraciones respecto al deseo inconsciente. Plantea estas manifestaciones como fenómenos de discurso, es decir, que se explican atendiendo a la estructura del lenguaje y las leyes de funcionamiento interno que son propias a este, como la metáfora y la metonimia, si utilizamos los términos de Lacan. De esta manera, situando el resultado “erróneo” junto a aquello que se quiso decir, y otras ocurrencias de quien lo ha producido, construye un significado posible de este equívoco, que develaría algo del deseo inconsciente. A menudo, ese aparente error, produce más verdad, gracias a la labor interpretativa, que la que pudiéramos decir con palabras elegidas deliberadamente.

Respecto al ejemplo con el que empezaba, poco se puede decir en relación al deseo que lo anima. Y además es inoportuno. Se puede decir poco porque faltan los elementos necesarios para ello, especialmente el fundamental: que aquel que lo produce quede intrigado ante ese dicho, que surja alguna pregunta respecto al valor de ese fenómeno. Y nada se debe decir porque no se nos convoca a ello, y atribuir de este modo vete tú a saber qué sentido a quien lo enuncia, puede resultar intrusivo, impertinente o incluso violento.

No obstante, en ocasiones producimos dichos o actos de este tipo que nos preocupan, o nos angustian. Si además de esto, nos interrogan, nos causan curiosidad y nos animamos a seguir la pista, puede ser la oportunidad de hacer descubrimientos de interés.

Este puede ser un buen motivo para dirigirse a un psicoanalista que nos ayude a construir ideas en relación a este deseo que se abre paso de modo tan enigmático.

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