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De la clínica de la mirada y de la voz del saber médico,

a la clínica de la palabra del saber del paciente.

En el 160 aniversario del nacimiento del padre del psicoanálisis.

Los animales, incluyendo lo animal del ser humano, son portadores de una genética que preserva del olvido de todo aquello que abarca la supervivencia, salvo lesión orgánica o deterioro funcional.

El sujeto humano deja de recordar sin mediar su voluntad. Es decir que olvida sin poder diferenciar qué tipo de experiencias desaparecen de la conciencia. Aunque parezca paradójico, la memoria es olvido, no solo porque la persona sabe que ha olvidado, sino porque los recuerdos olvidados no se pierden, ya que dejan señales, configurando nuestra memoria existencial.

Ahora bien, nuestro pensamiento racional no acepta de buen grado que algo escape a su control, ya que podría degenerar con efectos traumáticos para la persona. Esto favoreció la investigación de la mente y comportamientos humanos.

La noción de trauma está en los orígenes del psicoanálisis. En un principio se consideró fundamental a la hora de investigar las causas de los trastornos del paciente. Los acontecimientos susceptibles de ser vividos de manera traumática y más tarde olvidados, serían causa de sufrimiento posterior. Era necesario traerlos de nuevo a la memoria tal como sucedieron, para su esclarecimiento y el consiguiente alivio para el afectado, Sin embargo se constataba que este apaciguamiento no era tan consistente ni duradero.

En un segundo momento, de gran importancia para el avance de la investigación psicoanalítica, sin menospreciar los acontecimientos de la vida de la persona, Freud descubre en el trabajo con sus pacientes que el sufrimiento provenía de las reminiscencias, (recopilación de fantasías y retazos de recuerdos deformados), por lo que la cura habría de venir del trabajo sobre dichas reminiscencias, es decir de lo contado sobre el acontecimiento perdido. En adelante primará la realidad psíquica sobre la realidad de lo acontecido, es decir lo que adquiere valor de marca en el psiquismo del sujeto.

Como decíamos, todos los acontecimientos dolorosos o no, que son olvidados o reprimidos, no desaparecen, quedan ocultos pero activos, es decir fuera del acceso consciente por parte del sujeto. Afortunadamente vuelven a hacer presencia en situaciones y experiencias diferentes, sin mediar nuestra voluntad pero reproduciendo una afectación en la persona. Vuelven sin haberse ido, se repite la vivencia pero no el acontecimiento.

Ni el olvido es una condena, ni el recuerdo la salvación. Olvido no es pérdida y recuerdo no es reencuentro. Aún más “cómo recordar algo que nunca pudo ser olvidado porque nunca fue retenido ni llegó a ser consciente” (Freud). Pero tiene existencia.

Lo específico del trauma es su insistencia, retorna revestido de sinsentido pero con sufrimiento para la persona. Gracias a cada repetición, igual o con algún cambio respecto a la anterior, podemos preguntarnos y consultar por lo que nos está pasando. El trabajo de elaboración permitirá escribir algo nuevo sobre las líneas de la repetición sintomática.

En palabras de Lacan, “que el sujeto reviva, rememore, en el sentido intuitivo de la palabra, los acontecimientos formadores de su existencia, no es en si tan importante. Lo que cuenta es lo que reconstruye con ellos (…) se trata menos de recordar que de reescribir la historia”.

Cuando una persona que acude a consultar nos dice que quiere conocerse mejor, nosotros pensamos en esta reescritura.

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