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Ligotti es uno de los autores más relevantes dentro de la literatura de terror contemporánea que toma como referentes entre otros a los llamados maestros modernos del horror sobrenatural, como Machen, Lovecraft o Poe.

En 2010 escribió su primer ensayo: La conspiración contra la especie humana, donde recopila aportaciones de lo que se hace llamar la filosofía pesimista. En él reflexiona sobre las marionetas.

Hay muchos tipos de marionetas, pero Ligotti trae a colación aquellas que se hacen, digamos, a “la imagen y semejanza” del humano. Pero hasta un punto, la meticulosidad con la que son diseñadas no es tan extrema como para que podamos confundirlas con seres humanos. Si las crearan así, su parecido con nosotros sería algo extraño y horrible, demasiado extraño y horrible en realidad para que las aceptáramos sin alarmarnos. “Dado que alarmar a la gente tiene poco que ver con la comercialización de marionetas, no se crean tan meticulosamente a nuestra imagen como para que podamos confundirlas con seres humanos, salvo quizá en la penumbra de un sótano húmedo o de un desván lleno de trastos. Necesitamos saber que las marionetas son marionetas.” Aun así no estamos libres de alarmarnos, porque si miramos a una marioneta de determinada manera, a veces podemos sentir que nos está devolviendo la mirada, no como mira un ser humano sino como lo hace una marioneta. Ligotti comenta “puede parecer que está a punto de cobrar vida. En tales momentos de leve desorientación hace eclosión un conflicto psicológico, una disonancia en la percepción que estremece nuestro ser con una convulsión de horror sobrenatural”.

Está la cuestión de referirse a formas no humanas que presentan cualidades humanas, formas inanimadas que no son lo que parecen, sirva también como ejemplo el de los muertos vivientes.

Ligotti trae a colación las marionetas o a los muertos vivientes porque encierran algo siniestro, cosas que no son lo que parecen o que como en los zombis cosas que no son ni una cosa ni la otra, o que resultan ser las dos cosas a la vez. Nos horrorizan conceptualmente, puesto que creemos vivir en un mundo natural, que puede “ser un festival de matanzas pero solo en sentido físico, más que metafísico. Una marioneta ejemplificaría un tipo de horror, porque negaría todas las concepciones de un fisicalismo natural y afirmaría una metafísica del caos y la pesadilla”

Jugando con la idea, una marioneta seguiría siendo una marioneta pero con mente y voluntad, una marioneta humana. Ligotti avanza, dice “no es así como ellas lo percibirían”. Las marionetas humanas no podrían concebirse a sí mismas como marionetas, no si estuvieran dotadas de una consciencia que provocara en ellas el sentimiento inquebrantable de ser distintas de todos los demás objetos de la creación. Una vez que empiezas a sentir que sales adelante por tu cuenta, que haces movimientos y tienes ideas que parecen haber surgido dentro de ti, ya no puedes creer que seas otra cosa que tu propio dueño y señor.

Ligotti sostiene que podemos creer que somos monos desnudos o ángeles reencarnados, pero no marionetas humanas. A diferencia de estas imitadoras nos movemos libremente de un lado a otro y podemos hablar cuando nos apetece, creemos salir adelante y a quien contradiga esa creencia se le tomará por loco… ¿o no?… No nos es ajeno que nuestras cabezas están llenas de ilusiones, las cosas, incluidas las cosas humanas, no son a ciencia cierta lo que parecen.

Y entre esas cosas humanas a ese que como dice Nacho Vegas, “a ese que en mí llamo yo”.

Freud tiene un texto que se llama Una dificultad del psicoanálisis donde dice esta famosa frase de que “el yo no es amo en su propia casa”, y que no debemos perder de vista. Lacan sitúa la instancia del yo en “una línea de ficción”. Lo hace en su escrito El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. Es decir, que el “yo fui y le dije…, yo pienso que…, pues es que yo soy muy….”, remite bastante a lo que Ligotti dice de ser una marioneta que tiene conciencia. Lo que por otro lado no es poca cosa.

Para quien tiene una experiencia psicoanalítica ésta es tal en tanto sea capaz de hacer una marca, una marca entre un antes y un después. Tener una experiencia del inconsciente. Es decir, uno como analizante va y siente eso de que el yo no es amo en su propia casa. Eso puede ser un antes y un después en la vida de esa persona. Es interesante que el título del texto de Lacan incluya esta frase de “tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”. Si revelar es quitar un velo, (latín revelum; re- hacia atrás; velum-tela, cortina), la cuestión sugiere acceder a una verdad ignorada o secreta. Como en los sueños, disfrazada, como en el lenguaje, cifrada en el discurso de cada sujeto.

En el escrito de “Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache: “Psicoanálisis y estructura de la personalidad” Lacan habla de la “distinción del lugar allanado para el sujeto sin que lo ocupe, y del Yo que viene a alojarse en él”. Es este sujeto del inconsciente el que nos interesa como psicoanalistas, con el que se trabaja en la clínica, siendo que en general es como marionetas que no se sienten marionetas en lo que estamos.

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