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Detenciones del análisis

¿Cuándo se termina un psicoanálisis?

Esta pregunta ha sido largamente abordada por los maestros del Psicoanálisis, empezando por Freud, por ejemplo, en su escrito “Análisis terminable e interminable”. También Lacan, cuando se plantea la cuestión del final de análisis, y muchos más.

Constituye un cuestionamiento clave para los psicoanalistas y, no nos olvidemos, para las personas que acuden a esta práctica con el objetivo de paliar un malestar psíquico.

La primera respuesta, evidente pero no tanto, es que un análisis finaliza cuando el paciente lo decide. Ponemos el acento en el papel activo y responsable –en el sentido de dar una respuesta propia- del analizante, diferenciándonos de otros discursos –como el médico-, en la medida que ubicamos el saber en el sujeto y no en el analista, quien, en todo caso, ayuda a que aquél se acerque a lo inefable de toda decisión pero sin indicar o sugerir lo que debe hacer.

Dicho esto, cuando un sujeto decide terminar su proceso analítico, no cabe, por parte del analista, una respuesta moral de su elección. Si lo hace, es que al que le falta análisis es al profesional. No obstante, evidentemente podemos plantearnos interrogantes sobre los determinantes de esa elección, pudiendo concluir que era un momento propicio subjetivamente, una actuación o un pasaje al acto, estos dos fenómenos pertenecientes al campo de la impulsividad.

Pero un momento extremadamente sensible, e inevitable, en todo tratamiento que lleve cierto desarrollo es el que Julio Moscón ubica como “impasse del análisis”, caracterizado por la ausencia de nuevos desciframientos y descubrimientos de nuevas cadenas asociativas, agotándose el tiempo de la comprensión. La persona siente que se habla siempre de lo mismo y que ya no hay nada más que dilucidar. Es la resistencia del núcleo del síntoma, lo que toca directamente con lo inconciliable, lo irreductible del mismo. Se trata, pues, si el analizante así lo desea, de producir algún acto de invención que posibilite hacer algo con eso, con lo que toca lo real de la existencia humana, ya carente de un sentido que lo explique.

Es un tiempo difícil de un análisis, poco amable, pero que vale la pena atravesar para intentar un paso más en el objetivo de la tarea que el sujeto, valientemente, decidió emprender.

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